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Por el cierre de la Planta Nucleoeléctrica de Laguna Verde

La catástrofe nuclear ocurrida en Japón por el terremoto y el tsunami del 11 de marzo de 2011 nos recordó que la energía nuclear no es una opción aceptable para la producción de electricidad. La fuga radioactiva en Japón se dispersó por todo el mundo. También se difunde la oposición de la gente a esa tecnología. Países como Alemania y España buscan ya cancelar la opción nuclear.

La construcción y operación de Laguna Verde fueron impuestas contra la voluntad de la sociedad y la historia de la planta está plagada de anomalías. Se instaló en una zona sísmica, con alta densidad poblacional y con tecnología obsoleta. La planta nucleoeléctrica inició sus operaciones en 1989, aun con la oposición de grupos ambientalistas, de científicos y de la población.

La energía nuclear no es barata, no es es limpia y no es segura. Además, Laguna Verde aporta sólo un 3.6% de la energía producida en el país y el tiempo ha demostrado que la vida media de operación de un reactor nuclear es inferior a los 18 años, muy alejada de los 40 años prevista por las empresas constructoras, tiempo que no compensa el gasto de su instalación y funcionamiento, ni el manejo y confinamiento de los residuos tóxicos que genera, así como el costo de enfrentar eventualmente las consecuencias que traería un evento de fuga de material radioactivo.

No existen estrategias de protección a la población en caso de un evento de fuga radioactiva. Las vías de evacuación son un sinfín de curvas peligrosas, carreteras en mal estado y no hay información suficiente entre la población sobre qué hacer en caso de un accidente en la planta.

Hay quienes aseguran que se trata de una tecnología no contaminante, porque no se emiten gases de efecto de invernadero durante la operación de las plantas. Sin embargo, el proceso de extracción y enriquecimiento del uranio (elemento que se requiere para la producción de energía nuclear) sí implica emisiones de ese tipo. Además, una “pequeña” fuga de gases radioactivos puede tener consecuencias desastrosas en la salud del planeta y del ser humano.

Por otra parte, los reactores nucleares y otros tipos de plantas de energía elevan la temperatura de los ríos y mares que se utilizan para refrigerarlos, lo que supone un peligro para los peces en determinados ecosistemas.

Las autoridades federales y estatales, y la Comisión Federal de Electricidad han desoído sistemáticamente las protestas de los grupos ambientalistas, han desatendido los informes de científicos nacionales y de organismos internacionales como la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO, por sus siglas en inglés) que advierten de las irregularidades en el funcionamiento de la planta y de la necesidad del cierre de la misma para evitar una catástrofe. Han ocultado o tergiversado información cuando se han presentado situaciones de alarma. Nunca ha existido transparencia y veracidad en la información oficial con respecto a Laguna Verde.

 

Consultar la base de datos sobre la amenaza nuclear y la lucha antinuclear.

 

 

 

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